Viaje, territorio y
observación científica
011832–1834 · 15 paradas15
Viaje, territorio y observación científica
Selección y recontextualización editorial a partir de Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo, traducción española de Espasa-Calpe, 1921.
Proyecto académico de Diseño Editorial – FAPyD, Universidad Nacional de Rosario.
Por la tarde anclamos en la bahía del Buen Suceso […]
Fragmentos seleccionados del diario, en la tipografía de la muestra.
Ubican cada observación dentro del recorrido.
Concentra flora, fauna, fósiles o materiales.
Muestra dirección, paradas y desplazamientos.
Pertenece a Darwin o a la edición española y se identifica como tal.
Información incorporada por este proyecto y diferenciada visualmente del texto fuente.
Lectura secuencial e inmersiva del viaje.
Exploración espacial de las paradas y recorridos.
Consulta fragmentada de especies, fósiles, paisajes y observaciones.
Las tres piezas comparten fechas, nomenclaturas, iconografía y lenguaje visual. El código QR de esta página conecta con el mapa digital.
Introducción
Este libro recorre los pasajes del viaje de Charles Darwin vinculados con el actual territorio argentino. La selección reorganiza el material para seguir el desplazamiento de manera cronológica y territorial: llegar, atravesar, observar, registrar y comparar. El texto original conserva el centro de la lectura; mapas, fechas, registros de campo e imágenes permiten reconocer los lugares y comprender cómo una observación del paisaje puede convertirse en una pregunta científica.
Introducción
En estas páginas aparecen relatos de viaje, paisajes, plantas y animales, fósiles, formaciones geológicas, ríos, ciudades y caminos. Algunas observaciones se leen de forma continua y otras se presentan como registros breves para detenerse en una especie, un hallazgo o una transformación del territorio. Las capas editoriales acompañan el texto sin reemplazarlo: orientan, relacionan y hacen visible la información que en el diario aparece dispersa.
Quince paradas · 1832–1834
EDCosta, ríos y límites actuales (Natural Earth). El recorrido une los lugares que nombra el diario; el trazo entre ellos es orientativo.
17 de diciembre de 1832.—Tras haber acabado con Patagonía y las islas Falkland, describiré nuestra primera llegada a Tierra del Fuego. Un poco después del mediodía doblamos el cabo de San Diego y entramos en el famoso estrecho de Le Maire. Nos mantuvimos cerca de la costa fueguina; pero el perfil de la abrupta e inhospitalaria isla de los Estados aparecía visible entre las nubes. Por la tarde anclamos en la bahía del Buen Suceso.
El puerto está formado por una buena extensión de agua, medio rodeada por montañas bajas y redondeadas, compuestas de pizarra arcillosa y cubiertas de un boscaje denso y sombrío hasta el borde del agua. Una mera ojeada al paisaje bastó para hacerme ver cuán enteramente distinto era aquello de todo cuanto había visto hasta entonces. Por la noche sopló un viento tempestuoso y pasaron sobre nosotros fuertes turbonadas, procedentes de las montañas. Mal tiempo hubiéramos tenido a estar en alta mar; así que bien pudimos, como muchos otros, llamar a aquel abrigo la Bahía del Buen Suceso.
Por la mañana el capitán despachó un grupo a comunicar con los fueguinos. Cuando estuvimos a corta distancia, uno de los cuatro indígenas que estaban presentes se adelantó a recibirnos y empezó a vociferar con gran vehemencia, deseando indicarnos dónde habíamos de desembarcar. […] Al día siguiente intenté penetrar en el país por cualquier parte. Tierra del Fuego debe ser calificada de país montañoso parcialmente sumergido en el mar, de modo que las profundas ensenadas y bahías ocupan los lugares en que antes existieron los valles (1).
E(1) La voz fiord es nombre local noruego que designa valles de origen glaciar sumersos en el mar por lento hundimiento del suelo. La extensión en el mundo de las costas de fiords puede estimarse en unos 30.000 kilómetros. Según Nordenskjold, precisamente la costa meridional de Patagonia y de Tierra del Fuego son, en el globo, las más ricas regiones en fiords. […]
EDDarwin también relata encuentros con habitantes fueguinos. Sus descripciones expresan la mirada europea y los prejuicios de su época; deben leerse en ese contexto.
Viendo que era casi imposible seguir avanzando por el bosque, tomé la ribera de un torrente que bajaba de la montaña. En un principio, las cataratas y numerosos árboles muertos apenas me dejaban dar un paso; pero a poco el cauce se presentó más despejado, por haber quedado limpias sus márgenes con las avenidas. Continué avanzando lentamente durante una hora por la quebrada y rocosa ribera, y me vi ampliamente remunerado por la magnificencia del paisaje. La sombría profundidad de aquel barranco se concertaba con los universales signos de trastornos. En ambos lados yacían en revuelta confusión masas irregulares de roca y árboles arrancados; otros, que permanecían aún erguidos, estaban podridos hasta la medula y prontos a venirse abajo. La masa enmarañada de vegetación vigorosa mezclada con troncos y follaje secos me recordó los bosques tropicales; pero había una diferencia, porque en estas mudas soledades la Muerte y no la Vida parecía ser el espíritu predominante.
Todos los árboles pertenecían a una especie, el Fagus betuloides; porque el número de otras especies de Fagus y el de Drymis winteri (1) carecía de importancia. El haya que acabo de citar conserva sus hojas durante el año entero, pero su follaje tiene un color verde pardusco peculiar, con un tinte amarillento. Como en todo el paisaje domina esa coloración, el conjunto resulta sombrío […]
E(1) Arbolito de la familia de las magnoliáceas, que se extiende del sur de Méjico al estrecho de Magallanes.
EDLos nombres científicos se conservan como figuran en la edición de 1921.
20 de diciembre.—Uno de los lados del puerto está formado por una montaña de 450 metros, a la que el capitán Fitz Roy dió el nombre de Sir J. Banks, en memoria de su desastrosa excursión, pues en ella murieron dos hombres y estuvo a punto de perecer también el Dr. Solander. […] Después de algunos esfuerzos ganamos la zona de turba, y luego la desnuda roca pizarrosa.
Una loma unía esta montaña con otra, distante algunas millas, y más alta, cubierta de nieve a trechos. Como el día no estaba muy avanzado, resolví ir a pie hasta allá y herborizar por el camino. La caminata hubiera sido penosísima, a no haber hallado un sendero recto y bien apelmazado, hecho por los guanacos; porque estos animales, como las ovejas, siguen siempre el mismo camino. Cuando llegamos a la montaña vimos que era la más alta de los alrededores y que las aguas fluían al mar en opuestas direcciones. Desde allí alcanzamos a ver toda la comarca próxima: por el Norte se extendía un terreno yermo y pantanoso; pero hacia el Sur se descubría un paisaje de salvaje magnificencia, perfectamente adaptado al carácter general de Tierra del Fuego. Tenía misteriosa grandeza el paisaje de montaña tras montaña, con los hondos valles intermedios, todo cubierto por una espesa y obscura masa de bosque.
EDPerfil esquemático, sin escala, armado con los datos de este fragmento.
El Beagle […] el 3 de agosto llegó frente a la desembocadura del río Negro. Este es el río más importante de toda la línea de la costa, entre el estrecho de Magallanes y el Plata. Entra en el mar cerca de 300 millas al sur del estuario de este último. Hace unos cincuenta años, bajo el antiguo gobierno español, se estableció aquí una pequeña colonia, y ella es, a la fecha en que escribo, la posición más meridional (41° de latitud) de la costa este de América habitada por el hombre civilizado.
EDSección esquemática del cantil, sin escala, armada con lo que describe este fragmento.
El territorio inmediato a la desembocadura del río es mísero en extremo: en el Sur comienza una larga línea de cantiles perpendiculares, que dejan ver una sección de la naturaleza geológica del país. Los estratos son de arenisca, y una de las capas me llamó la atención por estar compuesta de un conglomerado de piedrecitas pómez, que deben de haber recorrido más de 400 millas desde los Andes. La superficie se halla cubierta en todas partes por una espesa capa de grava, que se extiende en un gran espacio por la llanura descubierta. El agua escasea en extremo, y donde la hay es casi invariablemente salobre. La vegetación es raquítica y pobre […]
La villa es indiferentemente llamada El Carmen o Patagones. Está edificada frente a un peñón que mira al río, y muchas de las casas han sido excavadas en la arenisca. El río tiene una anchura de 200 a 300 metros y es profundo y rápido. Las numerosas islas, con sus sauces, y los farallones salientes, vistos uno tras otro en el límite septentrional del anchuroso valle vestido de verdor, forman, a la brillante luz del sol, un conjunto casi pintoresco.
Un día fui a caballo a un gran lago salado o Salina, que dista del pueblo unos 24 kilómetros. Durante el invierno esta salina es un gran charco de salmuera, que en verano se convierte en un gran campo de sal blanca como la nieve. La capa inmediata a las márgenes tiene un espesor de 10 ó 12 centímetros, pero aumenta hacia el centro. Este lago era de cuatro kilómetros de largo, por más de uno y medio de ancho. Hay otros en las inmediaciones mucho mayores y con un piso de sal de seis a nueve centímetros de grueso, aun estando cubierto de agua en el invierno. Cualquiera de estas extensiones, de perfecto nivel y deslumbrante blancura, en medio de la llanura desolada, ofrece siempre un espectáculo extraordinario.
Las márgenes del lago están formadas de légamo y en él se hallan sepultados numerosos y grandes cristales de yeso, algunos de los cuales tienen siete centímetros de largo, mientras en la superficie yacen esparcidos otros de sulfato de sodio. Los gauchos llaman a los primeros «el padre de la sal» y a los segundos «la madre», y aseguran que estas sales progenituras se presentan siempre en las orillas de las salinas cuando el agua empieza a evaporarse.
ED«Padre» y «madre de la sal» son los nombres que Darwin recoge de los gauchos; no son nomenclatura científica actual.
El cieno es negruzco y tiene un olor fétido. Al principio no pude dar con la causa de ello; pero después observé que la espuma, arrastrada por el viento hacia las márgenes, estaba coloreada de verde, como si contuviera confervas. Intenté llevar a casa una porción de esta materia verde, pero un accidente imprevisto malogró mi propósito. Algunas partes del lago, vistas a corta distancia, aparecían de color rojizo, lo cual se debía quizá a ciertos infusorios. El cieno aparecía levantado en muchos sitios por una multitud de gusanos anélidos. ¡Cuán sorprendente es que haya animales capaces de vivir en la salmuera y que anden arrastrándose entre cristales de sulfato de sodio y cal! Y ¿qué es de esos gusanos cuando durante el largo verano se endurece la superficie convirtiéndose en una sólida capa de sal? Este lago es frecuentado por numerosos flamencos, que procrean aquí; en toda Patagonia, en el norte de Chile y en las islas de los Galápagos he encontrado estas aves dondequiera que había lagos salados. En el sitio de que trato los vi vadeando de aquí para allá en busca de comida —probablemente de gusanos escondidos en el cieno— […]
De este modo tenemos un pequeño mundo de vivientes recluidos en el recinto de un lago de salmuera y perfectamente adaptados a este medio. Se dice (1) que en los hoyos de salmuera de Lymington viven diminutos crustáceos en número incontable, pertenecientes a la especie Cáncer salinas, pero solamente en aquellos en que el líquido ha alcanzado, por evaporación, considerable densidad, llegando a tener tres onzas de sal por cuartillo de agua.
¡Bien podemos afirmar que todas las partes del mundo son habitables!
D(1) Linnean Trans., vol. XI, pág. 205. […]
En vista de que el Beagle intentaba recalar en Bahía Blanca resolví encaminarme allá por tierra, y últimamente amplié mi plan anterior decidiéndome a recorrer todo el camino hasta Buenos Aires valiéndome de las postas.
EDEl camino por tierra, de parada en parada. Esquema sin escala.
11 de agosto.—Me acompañaron en el viaje míster Harris, un señor de nacionalidad inglesa, residente en Patagones, un guía y cinco gauchos, que marchaban al campamento del ejército con asuntos propios del servicio. El Colorado, como ya he dicho, dista unos 130 kilómetros, y como caminábamos despacio tardamos dos días y medio en el camino.
EDLo que el diario registra en el camino, en orden. Esquema sin escala.
El país, en todo el trayecto de esta ruta, apenas merece nombre mejor que el de un desierto. Sólo encontramos agua en dos pequeños pozos; la llaman dulce, pero aun en esta época del año, durante la estación lluviosa, es completamente salobre. En verano debe de ser un camino tristísimo, porque aun ahora presentaba un aspecto bastante desolado. El valle del río Negro, con ser tan ancho, es una mera excavación practicada en la planicie de arenisca, porque inmediatamente encima de la margen donde se alza la ciudad empieza una campiña llana, sólo interrumpida por algunos valles y depresiones sin importancia. Por todas partes el paisaje presentaba el mismo aspecto estéril; un suelo cascajoso y seco cría matas de hierba marchita y arbustos dispersos armados de espinas.
Poco después de pasar la primera fuente dimos vista a un árbol famoso, que los indios veneran como altar de Walleechu. Está situado en un altozano de la llanura, y de ahí que sea un hito visible a gran distancia. No bien algunas tribus de salvajes le divisan, le tributan su adoración a grandes voces. El árbol es bajo, frondoso y espinoso; en la parte más baja del tronco tiene un diámetro de unos nueve decímetros. Se yergue solitario, y fué el primer árbol que vimos; después encontramos algunos otros de la misma clase, pero poco abundantes. Como estábamos en invierno el árbol no tenía hojas, pero en su lugar pendían de las ramas secas varias ofrendas atadas con cordeles, tales como cigarros, pan, carne, pedazos de tela, etcétera.
ED«Walleechu» es la grafía con que Darwin anota el nombre. El fragmento describe una práctica religiosa de los pueblos indígenas de la región con palabras de su época, como «salvajes»; debe leerse en ese contexto.
En este sitio tuvimos las cuatro cosas necesarias para la vida en el campo (1): pasto para los caballos, agua (sólo una chairca cenagosa), carne y leña. Los gauchos se pusieron del mejor humor al hallar todos estos lujos, y en breve empezamos a preparar la cena con la carne de la pobre vaca. Esta fué la primera noche que pasé a la intemperie, teniendo por cama el recado de montar. En la vida independiente del gaucho hay una íntima satisfacción en el hecho de poder apearse en cualquier momento y decir: «Aquí voy a pasar la noche.» El silencio fúnebre de la llanura, los perros haciendo centinela, y el gitanesco grupo de los gauchos en torno del fuego, han dejado en mi ánimo una pintura indeleble de esta primera noche, que nunca olvidaré.
E(1) En español en el original.
Al día siguiente el terreno seguía siendo semejante al anteriormente descrito. Está habitado por algunas aves y cuadrúpedos de varias clases. De cuando en cuando podían verse un ciervo o un guanaco (llama salvaje), pero el agutí (Cavia Patagónica) es el cuadrúpedo más común. Este animal representa aquí a nuestras liebres; se diferencia, sin embargo, de este género en muchos respectos esenciales, como, por ejemplo, en tener solamente tres dedos en las patas traseras. […] A la mañana siguiente, conforme nos aproximábamos al río Colorado, cambió el aspecto del país; pronto llegamos a una llanura cubierta de césped, que por sus flores, alto trébol y pequeños buhos se parecía a las Pampas. Pasamos también por un pantano cenagoso de considerable extensión, que en verano se seca y se cubre de una costra de sales varias, por lo que se le llama salitral. Estaba lleno de plantas enanas y crasas como las que crecen en la costa.
EDCómo cambia el terreno al acercarse al río, según el diario. Esquema sin escala.
El Colorado, en el paso por donde le cruzamos, mide solamente unos 60 metros de ancho, próximamente la mitad del que tiene en general. Su curso es muy tortuoso, estando marcado por sauces y espesuras de cañas; la distancia en línea recta hasta la desembocadura del río es, según se dice, de nueve leguas; pero 25 por el agua. Al cruzarle en la canoa nos vimos detenidos por inmensas yeguadas, que pasaban nadando para seguir detrás de una división de tropas que se hallaba en el interior. Nunca he contemplado un espectáculo tan original como el que presentaban cientos y cientos de cabezas todas en la misma dirección, con las orejas erguidas y las fosas nasales dilatadas, dando resoplidos y apareciendo a flor de agua como un banco de extraños animales anfibios.
EDUn curso «muy tortuoso»: las medidas que da el fragmento. Esquema sin escala.
Cambio de territorio
A la mañana siguiente partimos para Bahía Blanca, donde llegamos en dos días. Al salir del campamento regular pasamos junto a los toldos de los indios. Son unas chozas redondas como los hornos, cubiertas con pieles; a la entrada de cada una se yergue un chuzo puntiagudo clavado en tierra. Los toldos están divididos en grupos separados, que pertenecían a tribus de distintos caciques, y los grupos se dividían de nuevo en otros más pequeños, según las parentelas de sus dueños. En un trayecto de varias millas viajamos a lo largo del valle del Colorado. Las llanuras aluviales contiguas parecían fértiles, y se suponen a propósito para cultivar trigo en ellas. Volviendo hacia el Norte, entramos en una región que difiere de la de las llanuras del sur del río. La tierra continuó aún siendo seca y estéril, pero criábanse en ella plantas de muchas clases, y la hierba, aunque tostada y correosa, se hacía más abundante, al paso que iban escaseando los arbustos espinosos. Esta última vegetación desapareció enteramente al poco trecho, y las llanuras quedaron sin la menor maleza que cubriera su desnudez. El cambio que acabamos de indicar señala el comienzo del gran depósito calcáreoarcilloso que forma la dilatada extensión de las Pampas, y cubre las rocas graníticas de la Banda Oriental. Desde el estrecho de Magallanes al Colorado, en una distancia de 1.300 kilómetros, el terreno se compone de cascajo; los guijarros son en su mayor parte de pórfido, y probablemente proceden de las rocas de la Cordillera.
EDEsquema sin escala.
Después de recorrer a caballo unos 34 kilómetros, llegamos a una ancha faja de dunas de arena, que se extiende hasta donde la vista puede alcanzar de Este a Oeste. Las lomas de arena, que descansan sobre arcilla, permiten la formación de pequeños charcos, lo que suministra en este seco país un surtido inapreciable de agua dulce. Frecuentemente pasan inadvertidas las grandes ventajas que proceden de las depresiones y elevaciones del suelo. Los dos raquíticos manantiales existentes en el trayecto entre los ríos Negro y Colorado tenían su origen en insignificantes desigualdades de la llanura; a no ser por ellas no se hubiera hallado ni una gota de agua. La faja de dunas arenosas tiene una anchura aproximada de 13 kilómetros; en algún período anterior formó probablemente la margen de un gran estuario, donde ahora corre el Colorado.
EDPor qué hay agua dulce en la faja de dunas: la arena descansa sobre arcilla. Esquema sin escala.
Tras cruzar la extensión arenosa, llegamos ya tarde a una de las postas, y como los caballos de refresco estaban pastando a cierta distancia, resolvimos pasar allí la noche. La casa estaba situada al pie de un cerro de 30 a 60 metros de alto, el rasgo más notable de este país. Esta posta tenía por jefe a un teniente negro nacido en Africa, y en su elogio debo decir que no había un rancho entre el Colorado y Buenos Aires que se acercara a éste en orden y limpieza. Allí encontramos un cuartito para los forasteros que llegaran y un pequeño corral para los caballos, y ambos locales estaban hechos de palos y cañas; además se había cavado un foso o zanja alrededor de la casa, como defensa para el caso de ser atacada. […] Dejamos atrás Cabeza de Buey, antiguo nombre dado al trozo primero de un gran pantano que se extiende desde Bahía Blanca. Aquí mudamos de caballos y recorrimos algunas leguas de terreno encharcado y marismas salinas. Después de renovar por última vez las cabalgaduras, empezamos otra vez a vadear por lodazales. Cayóse mi montura y me puse perdido de barro, accidente de lo más desagradable que es dable imaginar cuando no se tiene ropa con que mudarse.
A pocos kilómetros del fuerte encontramos a un hombre, y nos dijo que se había disparado un fuerte cañonazo, que es una señal de que los indios están cerca. Inmediatamente dejamos el camino y seguimos la orilla de un pantano, que en caso de persecución ofrece el mejor modo de escapar. Con no pequeña satisfacción llegamos al amparo del fuerte, donde supimos que la alarma carecía de fundamento, pues los indios resultaron ser amigos que deseaban unirse al general Rosas.
Bahía Blanca apenas merece el nombre de aldea (1), pues sólo tiene unas cuantas casas y las barracas para la tropa dentro de una muralla que tiene al pie un foso profundo.
E(1) Hoy es una ciudad de 40.000 habitantes, capital del partido de su nombre y primer puerto de exportación de la Argentina.
EDEse «hoy» es el de la traducción: 1921.
EDEl fuerte según el fragmento. Planta esquemática, sin escala; la forma es supuesta.
Pasamos la noche en Punta Alta, y me ocupé en buscar huesos fósiles; el sitio me invitaba a ello, pues este punto es una perfecta catacumba de monstruos de razas extintas.
La noche era serena y clara, y la extremada monotonía del paisaje le hacía interesante aun entre la mezcolanza de bancos de cieno y gaviotas, montículos de arena y buitres solitarios. Al volver a caballo por la mañana pasamos por el rastro muy reciente de un puma o león americano, pero no logramos dar con él.
El Beagle arribó a Bahía Blanca en 24 de agosto, y una semana después zarpó para el Plata. Con el beneplácito del capitán Fitz Roy, me quedé atrás, para viajar por tierra hasta Buenos Aires. Añadiré aquí algunas observaciones hechas durante esta visita y en una ocasión anterior, cuando el Beagle se ocupaba en la hidrografía del puerto. La llanura, a la distancia de unas cuantas millas de la costa, pertenece a la gran formación pampeana, que se compone en parte de una roca margosa muy calcárea, y en parte de arcilla rojiza. Más cerca de la costa hay algunos llanos formados por el desgaste de la planicie superior y por el cieno, grava y arena arrojados por el mar durante la lenta elevación del país, cuya elevación es evidente por las capas recientes de molusco que se hallan en ciertas alturas, así como por los cantos rodados de piedra pómez esparcidos por el país.
EDDos visitas y un corte del terreno, con los datos de este fragmento. Esquemas sin escala.
1.º Varias partes de tres cabezas y otros huesos del Megatherium, cuyas enormes dimensiones expresa su nombre mismo.
2.º El Megalonyx, gigantesco animal afín.
3.º El Scelidotherium, animal también afín, del que obtuve un esqueleto casi completo. Ha debido ser tan grande como un rinoceronte; por la estructura de la cabeza se acerca muchísimo al hormiguero del Cabo, según Owen; pero en otros particulares se parece a los armadillos.
4.º El Mylodon Darwinii, género estrechamente relacionado con los precedentes, de tamaño un poco menor.
EDEl inventario sigue en la página siguiente: son nueve grandes cuadrúpedos.
5.º Otro gigantesco cuadrúpedo desdentado.
6.º Un animal grande, con caparazón óseo en compartimientos o divisiones, muy parecido al de un armadillo.
7.º Una especie extinguida de caballo, al que volveré a referirme.
8.º Un diente de un animal paquidermatoideo, probablemente el mismo que el Macrauchenia, bestia enorme, con un largo cuello como un camello, del que trataré más adelante.
Finalmente, el Toxodon, tal vez uno de los más extraños animales que hayan sido descubiertos; en la talla es igual al elefante o megaterio, pero la estructura de sus dientes, como asegura Mr. Owen, demuestra indiscutiblemente que guardaba estrechísimas relaciones con los roedores, el orden que hoy incluye la mayor parte de los cuadrúpedos menores; en muchos pormenores se acerca a los paquidermos; juzgando por la posición de sus ojos, oídos y narices, era probablemente acuático, como el dugong y el manatí, con el que tiene gran parentesco. ¡Cuán maravilloso es que órdenes tan diferentes, al presente enteramente separados, coincidan en diferentes puntos de la estructura del Toxodon! Los restos de estos nueve grandes cuadrúpedos y muchos huesos sueltos se encontraron enterrados en la playa en el espacio de unos 200 metros cuadrados. Es notable la circunstancia de que se hallaran reunidas tantas especies distintas, y prueba cuán numerosas debieron ser las que habitaron en este país.
EDUn punto por cada especie del inventario. Esquema sin escala.
A la distancia de unos 50 kilómetros de Punta Alta, en un cantil de tierra roja, hallé varios fragmentos de huesos, algunos de gran tamaño. Entre ellos había los dientes de un roedor de tamaño y forma muy parecidos al capybara, cuyos hábitos se han descrito, y, por lo tanto, según todas las probabilidades, un animal acuático. También se encontraba en ese lugar parte de la cabeza de un Ctenomys, especie que es distinta del tucutuco, pero muy parecida a él en general. La tierra roja, semejante a la de las Pampas, en que dichos restos estaban empotrados contiene, según el profesor Ehrenberg, ocho animálculos infusorios de agua dulce y uno de agua salada; por tanto, probablemente es un depósito de estuario.
EDSon dos sitios distintos. El fragmento da la distancia, pero no la dirección.
Los restos de Punta Alta estaban sepultados en grava estratificada y cieno rojizo exactamente igual al que el mar podía acumular en un banco somero. Con ellos había 23 especies de conchas, de las que 13 son recientes y otras cuatro están íntimamente relacionadas con las formas recientes. Sin embargo, como las especies modernas estaban encastradas en número casi proporcional a los que ahora viven en la bahía, creo que apenas cabe dudar que esta acumulación pertenece a una época del período terciario, muy reciente.
EDCapas y conchas: «23 especies de conchas». Un punto por especie; el orden de las capas es supuesto. Esquemas sin escala.
De la circunstancia de hallarse enterrados en sus relativas posiciones propias los huesos del Scelidotherium, incluso la rótula, y del hecho de estar bien conservado el caparazón óseo del animal, parecido al del armadillo grande, podemos concluir con seguridad que estos restos estaban frescos y unidos por sus ligamentos cuando fueron depositados en la grava junto con las conchas.
EDLo que nombra el fragmento: huesos en su posición, rótula y caparazón, dentro de la grava con conchas. Esquema sin escala; las formas son convencionales.
De aquí podemos inferir con bastante fundamento que los gigantescos cuadrúpedos arriba enumerados, más diferentes de los actuales que los cuadrúpedos terciarios de Europa de mayor antigüedad, vivieron cuando el mar estaba poblado por la mayor parte de los habitantes que hoy tiene, y tenemos una confirmación de la notable ley en que tantas veces ha insistido Mr. Lyell, o sea que «la longevidad de las especies en los mamíferos es, en general, inferior a la de los testáceos» (1).
D(1) Principles of Geology, vol. IV, pág. 40.
EDLa ley de Lyell que cita Darwin, en un esquema. Es una interpretación geológica de su época, con los términos de la edición de 1921: no es una datación moderna. Sin escala.
D(2) Esta teoría se desenvolvió por primera vez en la Zoology of the Voyage of the «Beagle», y posteriormente en la Memoir on Mylodon robustus, del profesor Owen.
EDLa explicación es del profesor Owen, tal como la resume Darwin.
El enorme tamaño de los huesos de los animales megateroideos, incluyendo el Megatherium, Megalonyx, Scelidotherium y Mylodon, es verdaderamente asombroso. Los hábitos de vida de estos animales era un completo enigma para los naturalistas, hasta que el profesor Owen (2) resolvió el problema con notable ingenio. Los dientes indican por su simple estructura que estos animales megateroideos se alimentaban de substancias vegetales, y probablemente de las hojas y ramitas de los árboles; sus poderosas formas y grandes garras curvas parecen tan poco apropiadas para la locomoción, que algunos eminentes naturalistas han creído que, como los perezosos, con los que se relacionan íntimamente, vivían colgados de las ramas, boca abajo y comiendo las hojas. Sin embargo, es una idea atrevida, por no decir absurda, la de suponer árboles, aunque sean antediluvianos, con ramas bastante fuertes para sostener animales tan corpulentos como elefantes. El profesor Owen, con mucha mayor probabilidad, cree que en vez de trepar a los árboles doblaban hacia abajo las ramas y arrancaban las más débiles, alimentándose asi de las hojas. La anchura desmesurada y peso enorme de sus cuartos traseros, que apenas puede imaginarse sin haberlo visto, resultan útiles, según este modo de ver, en vez de ser un estorbo; su aparente monstruosidad desaparece. Con sus grandes colas y enormes pies firmemente asentados en tierra, como un trípode, podían desarrollar libremente toda la fuerza de sus potentísimos brazos y grandes uñas.
¿Cuál fué—cabe preguntar—el carácter de la vegetación en ese período?
¿Era el terreno tan ingrato como lo es ahora? En vista de que entre las conchas sepultadas en el mismo lugar había tantas idénticas a las que ahora viven en la bahía, me sentí inclinado en un principio a creer que la primitiva vegetación era probablemente parecida a la existente; pero esto hubiera sido una deducción errónea, porque alguna de esas mismas conchas viven en la costa fértilísima del Brasil, y generalmente el carácter de los seres que pueblan el mar es un guía inútil para juzgar de los que viven en tierra. Sin embargo, por las consideraciones que siguen, no creo que el simple hecho de haber vivido muchos cuadrúpedos gigantescos en los llanos de alrededor de Bahía Blanca sea guía segura para afirmar que en época remota estuvieron cubiertos de una vegetación exuberante […]
EDDarwin deja la pregunta abierta: las conchas del mar no alcanzan para saber cómo era la tierra.
8 de septiembre.—Contraté un gaucho para que me acompañara en mi viaje a caballo a Buenos Aires, aunque con alguna dificultad, pues el padre del que quise ajustar primero no se atrevió a dejarle ir, y habiendo buscado otro que parecía querer hacerlo de buen grado me lo pintaron tan tímido, que no me resolví a tomarle, porque me dijeron que si llegaba a divisar un avestruz a lo lejos le tomaría por un indio y escaparía como alma que lleva el diablo. La distancia a Buenos Aires es de unos 600 kilómetros, y casi todo el camino por país desierto. Salimos por la mañana muy temprano, y, subiendo a cosa de 100 metros desde la hondonada cubierta de césped en que se alza Bahía Blanca, entramos en una extensa llanura desolada. […] Después de un prolongado galope y de haber mudado de caballos dos veces llegamos al río Sauce; es una profunda, rápida y pequeña corriente, de unos siete metros de ancha. En sus márgenes se halla instalada la segunda posta del camino de Buenos Aires; un poco más arriba hay un vado para caballos, donde el agua no les llega al vientre; pero desde ese punto, en toda la longitud de su curso hasta el mar, no es vadeable de ningún modo, y de ahí que forme una útilísima barrera contra los indios.
EDEl primer día, en el orden del fragmento. Esquema sin escala.
Como era poco después de mediodía cuando llegamos, tomamos caballos de refresco, y con un soldado por guía llegamos a la Sierra de la Ventana (1). Esta montaña es visible desde el fondeadero de Bahía Blanca, y el capitán Fitz Roy calcula su altura en 1.000 metros, elevación muy notable en esta parte oriental del continente. No tengo noticia de que ningún extranjero, antes de mi visita, haya subido a esta sierra, y realmente muy pocos de los soldados de Bahía Blanca sabían algo de ella. Oí hablar de yacimientos de carbón, oro y plata, de cuevas y bosques, todo lo cual sobreexcitó mi curiosidad, sólo para llevar un desengaño. La distancia desde la posta era de unas seis leguas, sobre una llanura uniforme del mismo carácter que antes. La cabalgada no dejó de ofrecer interés, sobre todo desde que la montaña empezó a mostrar su verdadera forma. Cuando llegamos al pie del macizo principal tropezamos con grandes dificultades para hallar agua, y creíamos tener que pasar la noche sin ella. Al fin descubrimos alguna examinando de cerca la montaña, pues a la distancia de unos centenares de metros los arroyuelos no se veían por estar sepultados y perderse enteramente en las deleznables calizas y sueltos detritus. No creo que la Naturaleza haya producido jamás una acumulación tan desolada y solitaria de rocas: con razón se le ha dado el nombre de Hurtado, o apartada. La montaña es muy empinada, escabrosa y llena de barrancos, y tan enteramente desprovista de árboles y arbustos, que nos fué imposible procurarnos un palo aguzado para sostener la carne sobre el fuego, hecho con tallos y cañas de cardos (2).
E(1) Esta sierra tiene de altura máxima 1.060 metros.
D(2) Llamo a éstos cardos por parecerme el nombre más correcto. Creo que es una especie de Eryngium (*).
E(*) Los cardos del género Eryngium, abundantísimos en España son llamados cardo cuco o cardo corredor.
El rocío, que durante la primera parte de la noche humedeció las monturas mientras dormía abrigado con ellas, se heló al venir la mañana. Aunque la llanura parecía continuar siendo perfectamente horizontal se había elevado insensiblemente a una altura de 250 a 300 metros sobre el nivel del mar.
EDLa altura que da el fragmento. Perfil sin escala: la pendiente está exagerada para que se vea.
9 de septiembre
A la mañana siguiente (9 de septiembre) el guía me invitó a subir al macizo más próximo, que, según él se figuraba, había de conducirme a los cuatro picos que coronan la cima. La operación de trepar por rocas tan escarpadas fué fatigosísima; las laderas presentaban tales desigualdades que el terreno ganado en cinco minutos se perdía en los siguientes. Al fin, cuando llegué a la cumbre de la montaña mi desencanto fué extremo al hallar un valle de laderas espinadas tan hondo como la llanura, el cual cortaba la cadena transversalmente en dos y me separaba de las cuatro puntas.
EDLo que encontró al llegar arriba. Corte esquemático, sin escala: no es un perfil real de la sierra.
A eso de las dos llegué a la cima del segundo pico, pero con extrema dificultad; a cada veinte metros me daban calambres en la parte superior de ambos muslos, de modo que temí no poder bajar de nuevo. Además, era necesario volver por otro camino, pues no había que pensar en hacer la travesía del profundo vallado. Vime, pues, obligado a prescindir de los dos picos más altos. Su altura no era mas que un poco mayor, y nada nuevo podía hallar en punto a geología. Por tanto, no había motivo a aventurarse en ulteriores esfuerzos. Presumo que la causa del calambre fué el gran cambio de la acción muscular desde el violento ejercicio de un rudo galope al más violento aún de trepar. Es una lección digna de tenerse presente, ya que en determinados casos podría ocasionar graves contratiempos.
Ya he dicho que la montaña se compone de una roca de cuarzo blanco en asociaciones de pequeñas pizarras lustrosas. A la altura de algunos centenares de pies sobre la llanura se veían vetas de conglomerado adheridas en varios sitios a la roca sólida.
EDEl punto alcanzado, por debajo de las cumbres mayores. Esquema sin escala; el orden de los picos es supuesto.
Quedé, en definitiva, desencantado con esta ascensión. Hasta el panorama era insignificante: una llanura como el mar, pero sin su bello color y contornos definidos. Sin embargo, para mi fué un espectáculo nuevo, y con un poco de peligro para darle saborcete, como la sal a la carne. De que ese peligro era muy escaso no había duda, pues mis dos compañeros hicieron una buena hoguera, cosa en que jamás se piensa si se sospecha que los indios están próximos. Llegué al sitio en que habíamos de vivaquear al ponerse el Sol, y luego de beber mate y fumar varios cigarrillos (1) me preparé la cama para pasar la noche. El viento era muy fuerte y frío, pero nunca dormí más a gusto.
10 de septiembre.—Por la mañana, tras una buena corrida viento en popa, llegamos al mediodía a la posta del Sauce. En el camino vi gran número de ciervos, y cerca de la montaña un guanaco.
E(1) Cigaritos en el original.
EDEl regreso, con los datos del fragmento. Esquema sin escala.
11 de septiembre.—Hemos emprendido el camino para la tercera posta en compañía del teniente que la mandaba. Dijeron que la distancia era de 15 leguas, pero es sólo a ojo y generalmente exagerada. El camino careció de interés y cruzó una llanura seca y herbosa; a nuestra izquierda, a mayor o menor distancia, había algunos cerros de poca altura, y pasados éstos nos encontramos muy cerca de la posta. Antes de nuestra llegada tropezamos con un gran rebaño de vacas y caballos guardado por 15 soldados, pero nos dijeron que se habían perdido muchos.
EDPostas y fechas que nombra el diario del 10 al 19 de septiembre (páginas 049–057). Los puntos llenos son postas. Línea sin escala.
12–13 de septiembre
Por la noche, mientras estaban sentados alrededor de la hoguera jugando a la baraja, me retiré a un lado para contemplar aquella escena, digna de Salvator Rosa. Como se habían puesto al pie de una loma, pude mirarlos a mi gusto desde encima; en torno de los jugadores yacían tendidos los perros, y cerca de éstos las armas, junto a restos de ciervo y avestruz esparcidos por diversas partes, mientras a distancia un poco mayor se erguían las largas picas de los jinetes clavadas en el césped. Más allá, en el fondo obscuro, estaban atados los caballos, dispuestos para cualquier peligro súbito. Cuando el ladrar de uno de los perros interrumpía la quietud solemne de la desolada llanura, uno de los soldados dejaba la hoguera y, aplicando su cabeza al suelo, escudriñaba con atención el horizonte.
EDLa escena en el orden en que la describe Darwin, de la hoguera hacia afuera. Esquema sin escala.
14 de septiembre.—En vista de que los soldados pertenecientes a la posta inmediata pensaban regresar, y de que formábamos una partida de cinco, y todos armados, resolví no aguardar a las tropas que se esperaban. Mi patrón de hospedaje, el teniente del puesto, me instó a detenerme. Yo le estaba obligadísimo, no sólo por haberme dado de comer, sino también por haberme prestado sus propios caballos; y, por tanto, quería corresponderle con alguna remuneración. Pregunté a mi guía si estaría bien que lo hiciera, pero me respondió que no, añadiendo que probablemente mi oferta sería rechazada con estas palabras: «En nuestro país tenemos carne para los perros, y por consiguiente no se la regateamos a ningún cristiano.» No debe suponerse que la categoría de teniente en un ejército de tal índole fuera causa de negarse a aceptar el pago; lo hubiera hecho así movido sólo por un sentimiento de generosa hospitalidad, que todo viajero ha de reconocer en todas estas provincias, donde dicho sentimiento se halla extendido universalmente. Después de galopar algunas leguas llegamos a una región baja y pantanosa, que se extiende, próximamente unos 128 kilómetros hacía el Norte, hasta la Sierra Tapalguen. En algunas partes hay hermosas llanuras húmedas, cubiertas de hierba, mientras otras tienen un suelo negro y turboso.
EDLa región que empieza aquí, con los datos del fragmento. Esquema sin escala.
15 de septiembre.—Madrugamos mucho al día siguiente, y poco después pasamos por la posta donde los indios habían asesinado a cinco soldados. El oficial tenía en su cuerpo 18 heridas de chuzo. Hacia el mediodía, tras un violento galope, llegamos a la quinta posta, y a causa de cierta dificultad en procurarnos caballos nos detuvimos allí toda la noche. Como este punto era el más expuesto de toda la línea, había estacionados allí 21 soldados; al ponerse el Sol volvieron de cazar, trayendo consigo tres avestruces, siete ciervos y muchos armadillos y perdices. Cuando se cabalga por el país hay costumbre de hacer hogueras en la llanura, y de ahí que durante la noche, como en esta ocasión, se presente el horizonte iluminado por brillantes conflagraciones en muchos lugares.
16 de septiembre.—Hemos caminado hasta la séptima posta al pie de la Sierra Tapalguen. La comarca era casi perfectamente horizontal, con una hierba tosca y un suelo blando y turboso. La choza o rancho de este puesto se distinguía por su pulcritud, pues su armazón de postes y traviesas se componía de haces de caña y tallos, procedentes, como en otros casos, de los cardos, los cuales estaban atados con tiras de cuero. El soporte de esta especie de columnas jónicas y el techo y las paredes se hallaban formados por zarzos también de cañas.
Se nos refirió un suceso al que no hubiera dado crédito a no haber tenido en parte pruebas oculares del mismo, y fué que durante la noche anterior habían caído piedras tan grandes como manzanas pequeñas y extremadamente duras, matando gran número de animales salvajes. Uno de los hombres había encontrado muertos y tendidos en tierra 13 ciervos (Cervus campestris), y yo mismo vi sus pieles, frescas aún; otro de los soldados del destacamento, a los pocos minutos de mi llegada, trajo siete más. Ahora bien: estoy cierto de que un hombre sin perros difícilmente podría matar siete ciervos en una semana. Los demás individuos de la posta aseguraron que habían visto unos 15 avestruces muertos (y de ellos comimos uno en parte), añadiendo que otros varios corrían con evidentes señales de estar tuertos. El pedrisco mató además muchas aves más pequeñas, como patos, halcones y perdices. Vi una de éstas con una señal amoratada en el lomo, como si le hubieran dado una pedrada con un guijarro gordo.
EDLo que dejó el pedrisco, según el fragmento. Un punto por animal.
Después de terminar nuestra comida, que se preparó con carne de animales muertos por el pedrisco, cruzamos la Sierra Tapalguen, una pequeña cadena de colinas de unos cien metros de altura, que comienza en Cabo Corrientes. La roca en esta parte es cuarzo puro; más al Este tengo entendido que es granítica. Las montañas presentan una forma singular: se componen de pequeñas mesetas rodeadas de paredones perpendiculares que parecen ser estratos salientes de un depósito sedimentario. La eminencia a que subí era muy pequeña, pues su diámetro no pasaba de 200 metros, pero vi otras mayores. Una, llamada El Corral, tiene, según dicen, de tres a cinco kilómetros de diámetro y está rodeada de cantiles perpendiculares, cuya altura es de nueve a 12 metros, excepto en un sitio donde se halla la entrada. […]
17 de septiembre.—Seguimos el curso del río Tapalguen, a través de una campiña fértilísima, hasta la novena posta. El poblado de Tapalguen lo forman un conjunto de toldos o chozas indias en figura de horno, diseminadas en una llanura perfectamente horizontal, hasta donde puede alcanzar la vista.
EDEl Corral y la eminencia a la que subió Darwin, vistos desde arriba y a una misma escala (se toman 4 km para El Corral). La forma circular es supuesta: el fragmento solo da diámetros.
18 de septiembre.—En este día hicimos una larguísima caminata a caballo. En la duodécima posta, siete leguas al sur del río Salado, llegamos a la primera estancia, donde había ganado mayor y mujeres blancas. Posteriormente tuvimos que cabalgar muchos kilómetros por un terreno inundado, en que el agua les llegaba a los caballos a las rodillas. Cruzando los estribos y montando a estilo árabe, con las piernas dobladas y recogidas, logramos conservarnos sin importantes mojaduras. Era ya casi de noche cuando llegamos al Salado; la corriente era profunda y tenía unos 40 metros de ancha; en verano, sin embargo, el cauce queda poco menos que seco, y la escasa agua restante es tan salada como la del mar. Dormimos en una de las grandes estancias del general Rosas.
EDLa franja azul es el Salado: un hito del recorrido y un cambio de paisaje, no una frontera actual. Sin escala.
Río Salado
19 de septiembre.—Hemos dejado atrás Guardia del Monte, linda población de caserío disperso, con numerosos jardines llenos de melocotoneros y membrilleros. La llanura aquí se parecía a la que rodea a Buenos Aires, tapizada de menudo césped con rodales de trébol y cardos y madrigueras de vizcachas. Sorprendióme mucho el notable cambio que presentaba el aspecto del país después de cruzar el Salado. De una hierba basta se pasa a una alfombra de hermoso verdor. En un principio lo atribuía al cambio de la naturaleza del suelo, pero los habitantes me aseguraron que aquí […] la causa de tal diferencia estaba en el abono y pastoreo del ganado. Exactamente el mismo hecho ha sido observado en las praderas (1) de Norteamérica, donde la hierba loca, de metro y medio a dos metros de alta, después de pastada por el ganado se convierte en el país de los grandes pastos. No poseo bastantes conocimientos en Botánica para decir si el cambio de esta región se debe a la introducción de nuevas especies, al crecimiento alterado de una misma o a la diferencia en la proporción de unas y otras. Azara ha observado también con asombro este cambio, mostrándose perplejo ante la repentina aparición de plantas que no se hallan en los alrededores ni en las lindes de las rutas que conducen a cualquier rancho recién construido. En otro lugar dice (1): «Esos caballos salvajes tienen la manía de preferir los caminos y el borde de las rutas para depositar sus excrementos, de los que se encuentran montones en esos lugares.» ¿No explica esto en parte la circunstancia apuntada?
D(1) Véase la relación de Mr. Atwater acerca de las Praderas en el N. A. Journal, de Silliman, vol. I, pág. 117.
D(1) Azara, Viaje, vol. I, pág. 373.
EDLas dos llamadas llevan el número (1) porque en la edición de 1921 caen en páginas distintas.
20 de septiembre.—Llegamos a Buenos Aires a eso del mediodía. Las afueras de la ciudad presentaban un aspecto lindísimo, merced a los setos de pita y bosques de olivos, albérchigos y sauces, todos empezando a echar follaje nuevo.
EDDe las afueras a la cuadrícula, que sigue en la página de al lado. Esquema sin escala; no es un plano de la ciudad.
La ciudad de Buenos Aires es grande (1), y a mi juicio una de las de trazado más regular que hay en el mundo. Todas las calles se cortan en ángulo recto, y las paralelas equidistan unas de otras, estando las casas reunidas en bloques cuadrados de idénticas dimensiones, llamados cuadras.
D(1) Dícese que contiene 60.000 habitantes (*). […]
E(*) Buenos Aires tiene hoy —ochenta y ocho años después de la visita de Darwin— 1.794.170 habitantes.
EDAbajo, la cuadrícula que describe el fragmento. Esquema sin escala; no es un plano de la ciudad.
Además, las casas son paralelepípedos huecos, de modo que todas las habitaciones dan a un pulcro patio. Generalmente sólo tienen un piso, cubierto por un techo plano o azotea, provista de asientos, lugar muy frecuentado de los habitantes en verano.
EDDe la ciudad a la azotea, con las palabras de Darwin (páginas 059 y 060). Esquemas sin escala; la división de la cuadra y de la casa es supuesta.
En el centro de la ciudad está la plaza, donde se levantan los edificios públicos, la fortaleza, catedral, etc. También aquí tenían sus palacios los antiguos virreyes antes de la revolución. El conjunto general de edificios posee una gran belleza arquitectónica, aunque ninguno de ellos sobresalga en este particular.
El gran corral, donde se encierran las reses destinadas al suministro de carne a la población, ofrece uno de los espectáculos más dignos de ser contemplados. La fuerza del caballo, comparada con la del toro, causa verdadero asombro; un jinete que haya echado el lazo a las astas de una res puede arrastrarla donde quiera. El animal, abriendo surcos en la tierra con las patas tendidas, se esfuerza en vano por resistir al tiro del caballo; generalmente, la víctima se lanza a toda velocidad por un lado; pero el caballo se vuelve al punto para recibir el choque, y permanece tan firme que el toro casi cae a tierra, siendo extraño que no se rompa el cuello. La lucha, sin embargo, no es de mera fuerza, porque es el cuello entero del caballo el que contiende con el cuello tenso del toro. De un modo análogo, un hombre a pie podría dominar un caballo salvaje si le cogiera con el lazo precisamente detrás de las orejas.
EDUn vacío en el centro, en la casa y en la ciudad. Esquema sin escala; no es un plano.
27 de septiembre.—Por la tarde salí de excursión para Santa Fe, ciudad situada en las riberas del Paraná, a unos 480 kilómetros de Buenos Aires. Los caminos en las cercanías de la ciudad estaban pésimos a consecuencia de las lluvias. Nunca hubiera creído posible que una carreta de bueyes pudiera andar por ellos; pero de todas suertes apenas avanzó a razón de kilómetro y medio por hora, teniendo que ir un hombre delante para buscar la línea más transitable. Los bueyes se fatigaban lo que no es decible, y es un error creer que estando buenos los caminos, si se marcha a buen paso, los animales han de cansarse en la misma proporción. Nos encontramos con un tren de carretas y una recua de bestias que iba hacia Mendoza. La distancia es de unas 580 millas geográficas y el viaje se hace de ordinario en cincuenta días. Estas carretas son muy largas, estrechas y provistas de toldos de caña; tienen sólo dos ruedas, cuyo diámetro en algunos casos llega a tres metros. Cada una de ellas va tirada por seis bueyes, a los que se hostiga con una aguijada de seis metros de larga por lo menos. La llevan colgada del toldo por la parte interior, y con ella y un vástago que sale en ángulo recto hacia la mitad de su longitud el conductor aviva la pareja delantera y la intermedia; para la que marcha uncida inmediatamente al carro se vale de otra aguijada más pequeña. Todo el aparato semejaba una máquina de guerra.
28 de septiembre.—Hemos dejado atrás la pequeña ciudad de Luján, donde hay un puente de madera sobre el río, cosa rara en este país. También hemos pasado por Areco. Las llanuras parecían horizontales, esto es, a perfecto nivel; pero no era así en realidad, porque en muchos sitios el horizonte estaba distante. Aquí hay grandes extensiones abandonadas entre estancia y estancia, pues los buenos pastos escasean a causa de estar la tierra cubierta de macizos de trébol acre y cardos gigantes. Estos, bien conocidos por la pintoresca descripción que de ellos hace sir F. Head, no habían alcanzado en esta época del año mas que las dos terceras partes de su altura; en ciertos sitios podían ocultar un caballo, pero en otros no habían brotado aún, y la tierra estaba tan desnuda y polvorienta como la superficie de un camino de gran tránsito. Las masas eran de un verde vivísimo y semejaban un bosque en miniatura en grandes espacios descampados.
Cerca de Buenos Aires estos animales son excesivamente comunes. Su refugio predilecto parecen ser aquellas partes de la llanura que durante una mitad del año están cubiertas de cardos gigantes, con exclusión de otras plantas. Los gauchos afirman que vive de raíces, y este aserto parece probable si se atiende a la robustez de sus incisivos y a la clase de lugares que frecuenta. […] La vizcacha tiene la singular costumbre de llevar a la boca de su madriguera todos los objetos duros que halla; en torno de cada una de estas madrigueras se ven reunidos en montón informe numerosos huesos de reses, piedras, tallos de cardos, terrones de tierra endurecida, fango seco, etc., en cantidad suficiente para llenar una carretilla. Me contaron, y tiene visos de verdad, que habiéndosele perdido el reloj a un señor mientras pasaba a caballo por un sitio abundante en vizcachas, volvió a la mañana siguiente, y registrando los montones de las vizcacheras próximas al camino lo halló, como esperaba. Este hábito de recoger todo lo que haya cerca de su guarida debe imponerle a este roedor un gran trabajo. Para explicar con qué fin se haga no tengo ni la más remota conjetura […]
Por la tarde cruzamos el río Arrecife en una sencilla almadía, hecha con barricas atadas unas a otras, y pasamos la noche en la casa de postas, en la otra orilla. En este día pagué el alquiler de mi cabalgadura por 31 leguas, y aunque brillaba un sol ardiente, sentí poca fatiga. […]
29 y 30 de septiembre.—Hemos seguido cabalgando por llanuras del mismo carácter.
En San Nicolás he visto por vez primera el magnífico río Paraná.
Río Paraná
Antes de llegar a Rosario cruzamos el Saladillo, corriente de agua cristalina, pero demasiado salobre para ser potable. Rosario es una gran ciudad, edificada en una meseta horizontal levantada sobre el Paraná unos 18 metros. El río aquí es muy ancho y tiene numerosas islas, bajas y frondosas, como también la opuesta ribera. La vista del río parecería la de un gran lago, a no ser por las islitas en forma de delgadas cintas, únicos objetos que dan idea del agua corriente. Los farallones constituyen la parte más pintoresca; unas veces son del todo verticales y de color rojo, y otras se presentan en grandes masas hendidas, cubiertas de cactus y mimosas.
EDLa ciudad sobre la meseta, con los datos del fragmento. Corte esquemático, sin escala.
Pero la verdadera grandeza de un río inmenso como éste deriva: 1.º, de constituir un importante medio de comunicación y comercio entre los países por donde pasa; 2.º, de la vasta extensión de su comarca, y 3.º, del vasto territorio que avena la mole inmensa de agua que arrastra en su curso.
1 de octubre.—Hemos partido a la luz de la Luna y llegado al río Tercero con la salida del Sol. Dicho río lleva también el nombre de Saladillo, por lo salobre de sus aguas. Me detuve aquí la mayor parte del día para buscar huesos fósiles.
Además de un diente completo del Toxodon y muchos huesos esparcidos aquí y allá, encontré dos enormes esqueletos muy próximos, que se proyectaban en atrevido relieve, saliendo del tajo perpendicular del Paraná. Sin embargo, estaban tan podridos que sólo me fué posible extraer pequeños fragmentos de uno de los grandes molares; bastan, a pesar de todo, para demostrar que los restos mencionados pertenecieron a un mastodonte, probablemente de la misma especie que el que en época remota hubo de habitar en gran número la Cordillera en el Alto Perú. Los hombres que me llevaron en la canoa tenían noticia de estos esqueletos largo tiempo hacía, según me contaron, añadiendo que, como no acertaban a explicarse la presencia de los mismos en aquel sitio, se echaron a discurrir alguna suposición, y concluyeron como cosa probable que el mastodonte ¡debió de fabricarse sus madrigueras, como la vizcacha, y que hubo de perecer sepultado en sus guaridas! Por la tarde recorrimos a caballo otro trecho y cruzamos el Monje, corriente también salobre, que acarrea aluviones del lavado de las Pampas.
EDLos hallazgos del fragmento, dentro del corte del terreno. Esquema sin escala; las formas y la ubicación son convencionales.
2 de octubre.—Hemos pasado por Corunda, que, merced a la frondosidad de sus jardines, es una de las poblaciones más bonitas que he visto. Desde este punto a Santa Fe el camino no es muy seguro. […] Por la mañana llegamos a Santa Fe. Allí me sorprendió observar el gran cambio de clima, producido por la diferencia de sólo 3° de latitud, entre este lugar y Buenos Aires. Así lo evidenciaban el vestido y complexión de los hombres, el mayor desarrollo del ombú, el gran número de nuevos cactus (1) y otras plantas, y especialmente de las aves. En el transcurso de una hora observé media docena de las últimas que nunca había visto en Buenos Aires. Considerando que no existen fronteras naturales entre las dos regiones y que el carácter del país es muy semejante, la diferencia dicha era mayor de la que podía esperarse.
E(1) Siempre que el autor habla de cactus se podrá dudar si se refiere al grupo de la familia de las Cactáceas o específicamente al género Cactus, que tiene más de 300 especies indígenas de América. Las especies del género Opuntia, también perteneciente a la misma familia, son nuestras tunas o higueras chumbas.
ED«Corunda» figura así en la edición de 1921: es Coronda.
EDLo que cambia hacia el Norte, según el fragmento. Esquema sin escala.
5 de octubre.—Cruzamos el Paraná para ir a Santa Fe Bajada, población situada en la orilla opuesta. El paso nos costó algunas horas, porque el río aquí se compone de un laberinto de pequeños ramales de agua, separados por islas bajas y boscosas.
ED«Un laberinto de pequeños ramales de agua, separados por islas bajas y boscosas.» Esquema sin escala; no es un mapa del río.
Me detuve aquí cinco días y me dediqué a examinar la geología del país de los alrededores, que era verdaderamente interesante.
Aquí he hallado, en la base de los riscos, lechos que contenían dientes de tiburón y conchas marinas de especies extintas, y de esos lechos se pasaba, ascendiendo, a una capa de marga endurecida, que a su vez degeneraba en la tierra arcillosa de las Pampas, con sus concreciones calcáreas y huesos de cuadrúpedos terrestres. Esta sección vertical nos habla claramente de una amplia bahía de pura agua salada y gradualmente robada al mar, y convertida al fin en el lecho de un estuario cenagoso, al que fueron arrastrados los cadáveres flotantes.
EDLa sección, de abajo arriba, con los términos de la edición de 1921. La lectura (de bahía a estuario) es la interpretación de Darwin. Sin escala.
En el depósito pampeano de la Bajada encontré la armazón ósea de un animal gigantesco parecido al armadillo, cuyo interior cuando se secó la tierra que contenía remedaba la forma de una gran caldera, y también hallé dientes del Toxodon y mastodonte, junto con el diente de un caballo […]
El último me interesó grandemente (1), por lo que tuve escrupuloso cuidado de comprobar con toda certeza el hecho de haber quedado sepultado al mismo tiempo que los otros restos […]
D(1) Apenas necesito afirmar aquí las pruebas indiscutibles de que en tiempos de Colón no vivía en América ningún caballo.
EDLos pasos 3 y 4 resumen lo que el diario cuenta a continuación de este fragmento.
El período comprendido entre los años 1827 y 1832 se llama el «gran seco», o la gran sequía. Durante ese tiempo fué tan escasa la lluvia caída, que no creció ninguna planta, ni siquiera cardos; los arroyos se secaron, y todo el país tomó el aspecto de un polvoriento camino carretero. Así ocurrió especialmente en la parte septentrional de la provincia de Buenos Aires y meridional de Santa Fe. Pereció un gran número de aves, animales silvestres, ganado vacuno y caballar por falta de alimento y agua.
EDLos años y la región que da el fragmento. Sin escala.
Por mi parte noté que el lecho de las corrientes menores de las Pampas estaba pavimentado con una capa de huesos; pero es probable que sea efecto de una reunión gradual antes que de la destrucción en uno de estos períodos. Después de la sequía de 1827 a 1832 siguió una época de lluvias copiosísimas, que causaron grandes inundaciones. De donde podemos inferir casi con gran certeza que algunos millares de esqueletos quedaron sepultados por los arrastres de tierras del año inmediato. Si un geólogo viera tan enorme colección de huesos de toda clase de animales y de todas las edades, encastrados así en una espesa masa de tierra, ¿qué pensaría de todo ello? ¿No lo atribuiría a un diluvio que hubiera barrido la superficie de la tierra, antes que al curso natural de las cosas?
EDLa secuencia que propone el fragmento, en cuatro momentos. Esquema sin escala; las formas son convencionales.
12 de octubre.—He intentado prolongar mi excursión más allá; pero, no sintiéndome enteramente bien, me he visto precisado a regresar en una balandra, o sea en un barco de un solo mástil, capaz de cargar cien toneladas, poco más ó menos, que iba destinado a Buenos Aires. Como el tiempo no estaba bueno, tuvimos que amarrar, al venir la madrugada, a la rama de un árbol en una de las islas. El Paraná está lleno de ellas y pasan por una constante alternativa de decadencia y renovación. El patrón del barco recordaba haber visto desaparecer varias de las grandes y formarse otras nuevas, que se habían cubierto de una protectora vegetación. Se componen de arena cenagosa, sin la menor piedrezuela, y a la sazón se levantaban poco más de un metro sobre el nivel del río; pero se inundan durante las avenidas periódicas. Todas presentan el mismo carácter, es a saber: numerosos sauces y algunos otros árboles enlazados unos a otros por una gran variedad de plantas trepadoras, dando por resultado una frondosa manigua.
EDLas islas según el fragmento: se forman, se cubren de vegetación y desaparecen. Corte sin escala.
Estas espesuras suministran un refugio a los Capybaras y jaguares (1). El miedo a los últimos ha dado al traste con todo el placer que me prometía de internarme en el bosque. Esta tarde, no bien había andado cien metros, cuando hallé señales ciertas de la reciente presencia del tigre, viéndome obligado a retroceder […]
15 de octubre.—Proseguimos nuestra navegación río abajo, y pasamos Punta Gorda, donde hay una colonia de indios mansos, procedente de la provincia de Misiones. Navegamos con rapidez a favor de la corriente, pero un temor infundado al mal tiempo nos hizo ponernos a la capa de un ramal estrecho del río antes de la puesta del Sol. Tomé el bote y remé un trecho, subiendo por dicho afluente. Era muy estrecho, sinuoso y profundo; en ambas márgenes, una barrera de nueve a doce metros de altura, formada por árboles entrelazados con trepadoras, daba al canal un aspecto singularmente sombrío.
E(1) Como el león americano es el puma, la pantera americana es el jaguar (Felis onça L.).
ED«Muy estrecho, sinuoso y profundo.» Corte sin escala.
EDEn este canal el diario registra, a continuación, el picotijera (Rhynchops nigra, según la edición).
20 de octubre.—Al llegar a la desembocadura del Paraná, como tenía vivos deseos de llegar a Buenos Aires, desembarqué en Las Conchas, con intención de proseguir desde allí a caballo. Al echar pie a tierra me encontré con la gran sorpresa de que hasta cierto punto era un prisionero. Á consecuencia de haber estallado una revolución violenta, todos los puertos habían sido embargados. Me era imposible regresar a mi navio, y en cuanto a ir por tierra a Buenos Aires, era cosa en que no cabía pensar. Después de una larga conversación con el comandante obtuve permiso para presentarme al día siguiente al general Rolor, que mandaba una división de rebeldes en este lado de la capital. Por la mañana marché a caballo al campamento. General, oficiales y soldados, todos parecían, y creo que en realidad lo eran, grandes villanos. El general, la misma tarde antes de dejar la ciudad se presentó al gobernador, y con la mano puesta en el corazón dió su palabra de honor de que él al menos permanecería fiel hasta el último instante. Me dijo el general que la ciudad estaba estrechamente sitiada y que todo lo que podía hacer era darme un pasaporte […]
EDEl acceso a la ciudad según el fragmento: el paso está cerrado. Esquema sin escala.
Por lo tanto, nos fué preciso dar una gran vuelta alrededor de la ciudad, y a duras penas pudimos procurarnos caballos. Mi recepción en el campamento fué perfectamente cortés, pero me dijeron que era absolutamente imposible darme permiso para entrar en la ciudad. Esto me producía gran ansiedad, porque estaba en la creencia de que el Beagle partiría del río de la Plata mucho antes del tiempo en que lo efectuó. Pero, habiendo mencionado las obsequiosas atenciones recibidas del general Rosas cuando estuve en el Colorado, ni el conjuro más poderoso hubiera cambiado las circunstancias tan rápidamente como esta conversación. Al punto me dijeron que, aunque no podían darme un pasaporte, si me avenía a dejar el guía y los caballos yo podría pasar, yendo solo, los puestos de los centinelas. Acepté con el mayor gusto, y enviaron conmigo un oficial para mandar que no me detuvieran en el puente. El camino, por espacio de una legua, estaba enteramente desierto. Encontré un piquete de soldados, que se contentaron con echar una mirada a un antiguo pasaporte mío, y al fin, con no pequeña satisfacción, me vi dentro de la ciudad. […]
Habiéndome visto forzado a detenerme cerca de quince días en la ciudad, me alegré de poder escapar a bordo de un paquebote que iba destinado a Montevideo. Una ciudad en estado de sitio no puede menos de ser un lugar de residencia desagradable; pero en este caso se vivía además en continua alarma a causa de los ladrones que había dentro. Los centinelas eran los peores de todos, pues por razón de su oficio y llevar armas en la mano, robaban con cierta autoridad, que los demás no podían imitar. Tuvimos una travesía muy larga y molesta. El Plata parece un magnífico estuario en el mapa, pero en realidad no lo es tanto. Una anchurosa extensión de agua cenagosa no tiene ni grandiosidad ni belleza.
EDLa misma cuadrícula de la página 059, ahora cerrada por el sitio: Darwin entra solo. Esquema sin escala; no es un plano.
23 de diciembre.—Hemos arribado a Puerto Deseado, situado a los 47° de latitud, en la costa de Patagonia. El abra penetra a unas 20 millas en el continente, con una anchura irregular. El Beagle ancló a pocas millas de la entrada, frente a las ruinas de un antiguo poblado español. Aquella misma tarde salté a tierra.
EDEl abra según el fragmento, a los 47° de latitud. Esquema sin escala; no es un mapa.
A la altura de 60 a 90 metros sobre algunas masas de pórfido, se extiende una vasta llanura, que es peculiar y característica de Patagonia. La superficie es perfectamente horizontal, y se compone de un cascajo redondo mezclado con una tierra blanquecina. Aquí y allá crecen matojos dispersos de hierba correosa y pardusca, alternando con espinosos arbustos enanos, menos numerosos aún. El tiempo es seco y agradable, y el limpio azul del cielo rara vez se obscurece. Cuando se está en medio de una de estas llanuras desiertas y se mira hacia el interior, el horizonte se presenta generalmente limitado por la escarpa de otra planicie más alta, pero igualmente llana y desolada, y en cualquier dirección la línea en que se confunde el cielo con la tierra se presenta indistinta a causa del trémulo espejismo que parece levantarse de la calentada superficie.
EDLa llanura y la escarpa que cierra el horizonte, con los datos del fragmento. La línea ondulada es el espejismo. Perfil sin escala.
El guanaco, o llama salvaje (3), es el cuadrúpedo característico de las llanuras de Patagonia; en Sudamérica representa el camello del Oriente. En el estado de naturaleza es un animal elegante, con cuello largo y esbelto y patas delgadas. Abunda mucho en todas las regiones templadas del continente, extendiéndose por el Sur hasta las islas próximas al cabo de Hornos. Generalmente vive en pequeños rebaños de 12 a 30 individuos; pero en las riberas de Santa Cruz vimos un rebaño que debía de contener lo menos 500. De ordinario son extraordinariamente esquivos. Mr. Stokes me contó que un día había visto con un anteojo de largo alcance un rebaño de estos animales, que sin duda habían sido espantados y huían a todo correr, aunque la distancia era tan grande que no podía distinguirlos a simple vista. El cazador, con frecuencia es advertido de que hay guanacos en las cercanías por el peculiar relincho de alarma, que hacen oír a gran distancia. Si entonces mira con atención, probablemente verá el rebaño alineado junto a alguna colina distante. Al acercarse se oyen algunos chillidos más, y el grupo parte a galope en apariencia lento, pero en realidad rápido, siguiendo alguna angosta ruta muy transitada, hasta alguna altura próxima. Pero si por casualidad encuentra de pronto uno o varios animales, generalmente todos los guanacos se pararán y permanecerán inmóviles, contemplándolos atentamente; después se alejan quizá algunos metros, dan la vuelta y vuelven a mirar. ¿Cuál es la causa de esta diferencia en su proceder? ¿Es que a distancia confunden al hombre con su principal enemigo, el puma? ¿O es que la curiosidad se sobrepone a su timidez?
E(3) Los camélidos están representados en América Meridional por especies sin joroba y algo menores que el camello y el dromedario. Las especies son la llama, guanaco o huanaco (Lama huanacus), la alpaca (L. pacos) y la vicuña (L. vicunna). Su lana es muy apreciada y la llama sirve a los peruanos de bestia de carga.
Todo era silencio
y desolación.
Sin embargo, al pasar por regiones tan yermas y solitarias, sin ningún objeto brillante que llame la atención, se apodera del ánimo un sentimiento mal definido, pero de íntimo gozo espiritual. El espectador se pregunta por cuántas edades ha permanecido así aquella soledad, y por cuántas más perdurará en este estado.
9 de enero de 1834.—Antes que obscureciera, ancló el Beagle en el magnífico y espacioso puerto de San Julián, situado a unas 110 millas al sur de Puerto Deseado. Aquí permanecimos ocho días. El territorio es casi igual al de Puerto Deseado, pero quizá algo más estéril.
EDLa distancia que da el fragmento. Esquema sin escala.
Once horas estuvimos sin probar agua, y algunos de la partida se sentían enteramente agotados. Desde la cima de la montaña (con gran oportunidad llamada desde entonces Thirsty Hill, la Montaña Sedienta) divisamos un magnífico lago, y dos del grupo se encaminaron a él, después de haber convenido algunas señales para indicar si era o no agua dulce. ¡Cuál no sería nuestro desencanto al saber que era una nivea extensión de sal cristalizada en grandes cubos!
La geología de Patagonia es interesante. A diferencia de lo que ocurre en Europa, donde las formaciones terciarias parecen haberse acumulado en las bahías, aquí, a lo largo de centenares de millas de costa, tenemos un gran depósito que contiene muchas conchas terciarias, todas al parecer extintas. La concha más común es una ostra maciza gigantesca, que a veces tiene tres decímetros de diámetro. Estos lechos están cubiertos por otros de una clase peculiar de piedra blanca, compuesta en gran parte de yeso y parecida a la cal, aunque en realidad su naturaleza es la de la piedra pómez. Es notabilísima por componerse, al menos en una décima parte de su volumen, de infusorios: el profesor Ehrenberg ha comprobado ya en ella la existencia de 30 formas oceánicas. La capa mencionada se extiende 500 millas a lo largo de la costa, y tal vez a distancia mucho mayor. ¡En Puerto San Julián su espesor pasa de 240 metros!
EDLas dos capas del fragmento, con los términos y cifras de la edición de 1921. No es un perfil geológico actual. Sin escala.
Estos blancos estratos se presentan en todas partes cubiertos por una masa de cascajo, que forma probablemente uno de los mayores yacimientos de su clase en el mundo; con toda seguridad se extiende desde cerca del río Colorado hasta 600 ó 700 millas náuticas (1) al Sur; en el Santa Cruz (río que corre un poco al mediodía de San Julián) llega hasta el pie de la Cordillera; a medio camino río arriba su espesor excede de 60 metros: probablemente se extiende por todas partes hasta la gran cadena de donde proceden los cantos rodados de pórfido; podemos calcular que, por término medio, tiene una anchura de 200 millas y un espesor de 15 metros. Si esta gran capa de guijarros, sin incluir la parte terrosa procedente de su desgaste, se reuniera en un montón, formaría ¡una gran cadena de montañas! Cuando se considera que todos esos guijarros, tan incontables como los granos de arena del desierto, han procedido de la lenta disgregación de masas de roca en las antiguas líneas costeras y márgenes de los ríos, y que los primeros fragmentos grandes se han reducido a trozos más pequeños, que desde entonces han rodado poco a poco, redondeándose y transportándose a lejanas distancias, el ánimo se llena de asombro al pensar en el larguísimo y absolutamente necesario lapso de años. Y, no obstante, toda esa capa de grava ha sido transportada, y probablemente redondeada, después de haberse depositado los estratos blancos, y muy posteriormente a las capas infrayacentes, con conchas terciarias. […]
E(1) Distinguen los ingleses dos millas: la milla marina o náutica (nautical mile), de 1.855 metros, que es casi la longitud de un minuto de meridiano cerca del paralelo medio de las Islas Británicas, y la milla (mile o statute-mile) de 1.609,34 metros, empleada para distancias terrestres.
EDDe la roca a la capa de grava, como lo cuenta el fragmento. Esquema sin escala.
En Puerto San Julián, en un légamo rojo que cubre la grava de la llanura, de 27 metros de altitud, encontré medio esqueleto del Macrauchenia Patachonica, notable cuadrúpedo, tan grande como un camello. Pertenece a la misma división o grupo de los Paquidermos, junto con el rinoceronte, tapir y Palæotherium, pero en la estructura de los huesos de su largo cuello ofrece una evidente relación con el camello, o más bien con el guanaco y llama. Del hecho de haberse hallado conchas marinas recientes en dos de las más altas llanuras escalonadas, que deben de haberse modelado y levantado antes que se depositara el légamo en que quedó sepultado el Macrauchenia, se colige con certeza que este curioso cuadrúpedo vivió mucho tiempo después de haber estado poblado el mar por sus conchas actuales. En un principio no podía comprender cómo un cuadrúpedo tan corpulento había hallado manera de subsistir en la latitud 49° 15', en estas desoladas llanuras de grava, con su raquítica vegetación; pero la afinidad del Macrauchenia con el guanaco, que ahora habita en las regiones más estériles, explica en parte esa dificultad.
EDLas dos relaciones que señala Darwin, con el nombre y los grupos de la edición de 1921. No es una clasificación actual.
¿Cuál ha sido, pues, la causa que ha exterminado tantas especies y todos los géneros?
El ánimo se siente arrastrado desde luego irresistiblemente a suponer algún gran cataclismo; mas para destruir así tantos animales, grandes y pequeños, en el sur de Patagonia, en el Brasil, en la Cordillera del Perú, en Norteamérica hasta el estrecho de Behring, sería menester sacudir el globo entero (1). Fuera de eso, el examen de la geología de La Plata y Patagonia conduce a la creencia de que todos los rasgos del país provienen de cambios lentos y graduales. […] La evidencia de que la escasez precede a la extinción se ve patentemente en los estratos terciarios sucesivos, según han hecho notar varios observadores; a menudo se ha hallado que una concha muy abundante en un estrato terciario es ahora rarísima, y aun se la ha creído extinta por largo tiempo. Si, pues, como parece probable, la especie se hace rara primero y luego desaparece; si el aumento demasiado rápido de todas las especies, aun las más favorecidas, se halla constantemente reprimido, como es forzoso admitir, aunque sea difícil decir cuándo y cómo, y si vemos sin la menor sorpresa, aun siendo incapaces de señalar la razón precisa, que una especie abunda y otra muy afín es rara en la misma comarca, ¿por qué hemos de asombrarnos de que la escasez, llevada a un grado mayor, conduzca a la extinción?
E(1) La teoría de los cataclismos geológicos como explicación de la sucesión de las faunas fue inventada por Cuvier. El geólogo inglés Lyell, a quien Darwin dedicó esta obra, arruinó por completo la teoría de Cuvier tras la racional exposición de las causas actuales en sus Principles of Geology. Hoy —salvo los no enterados— nadie defiende en geología los cambios súbitos y catastróficos.
ED«La especie se hace rara primero y luego desaparece.» La causa queda como pregunta.
13 de abril de 1834.—El Beagle ancló dentro de la desembocadura del Santa Cruz. Este río está situado a unas 60 millas al sur de Puerto San Julián. Durante el último viaje, el capitán Stokes navegó 30 millas río arriba; pero luego, por falta de provisiones, se vió obligado a regresar. Excepto lo que entonces se descubrió, apenas se sabía nada de este gran río. El capitán Fitz Roy resolvió ahora seguir su curso mientras el tiempo lo permitiera. El 18 partieron tres botes balleneros, con provisiones para tres semanas, y los expedicionarios éramos 25, número suficiente para resistir cualquier partida hostil de indios. Favorecidos por una fuerte pleamar y un tiempo hermoso, avanzamos un buen trayecto; entramos poco después en agua dulce […]
EDEl río, del Atlántico hacia el Oeste, con los datos del fragmento. Esquema sin escala; no es un mapa.
El río tomó aquí las dimensiones y aspecto que se conservaron inalterables hasta el punto más lejano de nuestro avance. La anchura, por regla general, fué de 300 a 400 metros, y la profundidad en la parte media, de unos cinco. Su particularidad más notable la constituye quizá la rapidez de la corriente, que en todo su curso marcha a razón de seis nudos por hora. El agua es de un hermoso color azul, pero con un ligero tinte lechoso, y no tan transparente como pudiera juzgarse a primera vista. Fluye por un lecho de guijarros parecido a los que forman las riberas y llanos de los alrededores. Describe una trayectoria sinuosa por un valle que se extiende en línea recta hacia el Oeste. La anchura del valle mencionado varía entre cinco y diez millas, y está limitado por terrazas escalonadas, que se levantan en casi todas partes, una sobre otra, a la altura de 150 metros, correspondiéndose de una manera notable en las orillas opuestas.
EDCorte del valle, con las medidas que da Darwin. Sin escala.
19 de abril.—Claro es que contra una corriente tan violenta resultaba del todo imposible remar o utilizar las velas; en consecuencia, hubo de recurrirse al artificio de estar los tres botes, uno tras otro, proa con proa, dejando dos hombres en cada uno, mientras los restantes saltaron a tierra para sirgar. Describiré aquí el arreglo general hecho por el capitán Fitz Roy, pues dió excelentes resultados, facilitando el trabajo de todos, y de tal modo que nadie quedó desocupado. Dividióse a los expedicionarios en dos tandas, cada una de las cuales halaba alternativamente de la sirga durante hora y media. Los oficiales de cada bote vivían con su correspondiente tripulación, tomaban la misma comida que ésta y dormían en la misma tienda; de suerte que cada bote era enteramente independiente de los demás. En cuanto se puso el Sol se eligió el primer sitio llano, donde crecieran algunos arbustos, para pasar en él la noche. Cada individuo de la tripulación hacía por turno el oficio de cocinero.
EDEl arreglo de Fitz Roy: dos tandas que se relevan cada hora y media. Esquema sin escala.
22 de abril.—El país seguía siendo el mismo, y apenas ofrecía el menor interés. Uno de los caracteres más notables de Patagonia es la completa semejanza de producciones en toda su extensión. Las llanuras horizontales, de árido cascajo, crían las mismas plantas enanas y achaparradas, y en los valles crecen los mismos arbustos espinosos. Por todas partes se ven las mismas aves e insectos. Aun las riberas del río y de los claros arroyuelos que desaguan en él, apenas animaban el paisaje con la nota alegre de un verdor vivo. Sobre esta tierra pesa la maldición de la esterilidad, y de ella participa el agua del río, que corre por un lecho de guijarros. Por eso es también escasísimo el número de aves acuáticas, pues la corriente de este río infecundo no ofrece nada que pueda servir de alimento. Mas con ser tan pobre Patagonia, en algunos respectos puede, sin embargo, ufanarse de poseer mayor número de pequeños roedores (1) que tal vez otro país del mundo.
D(1) Los desiertos de Siria se caracterizan, según Volney (tomo I, pág. 351), por arbustos leñosos, numerosos ratones, gacelas y liebres. En la campiña de Patagonia el guanaco reemplaza a la gacela y el agutí a la liebre.
ED«Las mismas plantas […], los mismos arbustos espinosos»: una misma franja, repetida. Esquema sin escala.
24 de abril.—Imitando el ejemplo de los antiguos navegantes cuando se acercaban a un país desconocido, registrábamos el terreno, buscando el menor indicio de un cambio de aspecto. El tronco de un árbol arrastrado por la corriente, o el canto rodado procedente de una roca primitiva, era saludado con regocijo, como si hubiéramos visto un bosque creciendo en las faldas de la Cordillera. Pero la señal más halagüeña, y que casualmente nos aseguró lo que tanto anhelábamos, la variación del paisaje, fue una masa de nubarrones que casi constantemente conservaron la misma posición. En un principio las nubes fueron tomadas por las montañas mismas […]
26 de abril.—En este día nos encontramos con un cambio notable en la estructura geológica de las llanuras. Desde el momento de la partida había yo examinado cuidadosamente la grava del río, y en los dos últimos días había notado la presencia de algunos guijarritos de un basalto muy celular. Estas piedrezuelas aumentaron gradualmente en número y tamaño, pero sin llegar a ser tan grandes como la cabeza de un hombre. Mas en la mañana de este día los guijarros de la misma roca, aunque más compactos, se hicieron de pronto más abundantes, y en el transcurso de media hora vi, a la distancia de cinco o seis millas, el borde angular de una gran plataforma basáltica.
EDIndicios, no llegada: la Cordillera todavía no se ve.
Al cambiar la estructura geológica de las llanuras se altera también el carácter del paisaje. Mientras recorría uno de los angostos y rocosos desfiladeros pude casi imaginarme transportado de nuevo a los desolados valles de la isla de Santiago. Entre los cantiles basálticos hallé algunas plantas que no había visto en ninguna otra parte, y reconocí otras procedentes de la Tierra del Fuego. Estas rocas porosas sirven como de depósitos a la escasa agua de lluvia, y, consiguientemente, en la línea donde se unen las formaciones ígneas y sedimentarias brotan algunos pequeños manantiales (cosa que ocurre rarísima vez en Patagonia), y pueden distinguirse a distancia por manchas limitadas de brillante verdor. […]
27 de abril.—El cauce del río se estrecha algún tanto, y de ahí que la corriente se haga más rápida. Aquí corre a razón de seis nudos por hora. Por esta causa y por los muchos y grandes fragmentos esquinados que rayaban los costados de los botes, la navegación se hizo a un tiempo peligrosa y difícil. Hoy maté un cóndor de un tiro.
EDDónde brota el agua, según el fragmento: en la línea que une las dos formaciones. Corte sin escala.
29 de abril.—Desde una altura hemos saludado con gozo las blancas cumbres de la Cordillera, que parecían asomar en aquel momento por entre su sombría envoltura de nubes. Durante unos cuantos días sucesivos continuamos avanzando lentamente, porque el curso del río era muy tortuoso y estaba obstruido por inmensos trozos de varias rocas antiguas, pizarrosas y de granito. La llanura que bordea el valle había alcanzado aquí una elevación aproximada de 300 y pico metros sobre el río, y su carácter había cambiado mucho. Los cantos rodados de pórfido aparecían mezclados con muchos e inmensos fragmentos angulares de basalto y de rocas primarias. El primero de esos bloques erráticos que noté distaba 67 millas de la montaña más próxima; otro que medí tenía cinco metros cuadrados y sobresalía de la grava metro y medio. Sus bordes eran tan agudos y tan grande su tamaño, que en un principio lo confundí con una roca in situ y saqué mi brújula para determinar la dirección y buzamiento. La llanura no era tan perfectamente horizontal como la más próxima a la costa; mas con todo eso no presentaba señales de ningún trastorno violento. En estas circunstancias, creo de todo punto imposible explicar el transporte de esas masas gigantescas de roca a tantas millas de su origen mediante teoría alguna, excepto por la de icebergs flotantes.
EDLa Cordillera se ve a lo lejos; no se llega a ella. Los icebergs flotantes son la hipótesis de Darwin, propia de su época. Esquema sin escala.
4 de mayo.—El capitán Fitz Roy resolvió no llevar los botes más arriba. El río tenía un curso tortuoso y muy rápido, y el aspecto del país no convidaba a seguir adelante. Por todas partes encontramos las mismas producciones y el mismo paisaje desolado. Ahora nos hallamos a 150 millas del Atlántico y a unas 60 de la costa más cercana del Pacífico. El valle, en su parte superior, se dilataba en una anchurosa cuenca, limitada al Norte y al Sur por plataformas basálticas y enfrontadas por la larga cadena de la nevada Cordillera. Pero contemplamos con pena aquellas grandes montañas, porque nos veíamos forzados a imaginar su naturaleza y producciones en vez de estar, como habíamos esperado, en sus cimas. Además de la pérdida inútil del tiempo que nos había costado el intento de seguir remontando el río, llevábamos ya algunos días a media ración de pan. Aunque este alimento baste en realidad para personas de moderado comer, después de una dura jornada era poco alimento: un estómago ligero y una fácil digestión son cosas buenas para ponderadas, pero desagradables en la práctica. […]
5 de mayo.—Antes de la salida del Sol empezamos nuestro descenso. Bajamos disparados por la corriente, a gran velocidad, generalmente a razón de 10 nudos por hora. En este solo día retrocedimos lo que habíamos avanzado en cinco y medio. […]
El día 8 llegamos al Beagle, después de nuestros veintiún días de expedición. Todos menos yo venían descontentos; pero a mí aquella navegación río arriba me dió a conocer una sección interesantísima de la gran formación terciaria de Patagonia.
EDEl final de la expedición, con los datos del fragmento: los botes dan la vuelta antes de la Cordillera. Esquema sin escala; no es un mapa.
EDCuatro maneras de viajar: navegación marítima en el Beagle, desplazamiento a caballo, travesía fluvial y expedición en botes. Costa, ríos y límites actuales; el trazo entre paradas es orientativo.
Texto principal: Charles Darwin, Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo, traducción española publicada por Espasa-Calpe en 1921. La selección se realizó a partir del corpus de trabajo del proyecto y se contrastó con el escaneo de la edición fuente.
Las ilustraciones, mapas y reconstrucciones generadas para esta reedición deben acreditarse según su procedencia y distinguirse de las imágenes históricas.
Colofón
Darwin en la Argentina — proyecto de reedición y sistema editorial híbrido.
Diseño Editorial — FAPyD, Universidad Nacional de Rosario.
Formato del libro: apaisado, 210 × 160 mm.
Sistema visual: cianotipo, papel cálido, mapas, registros científicos y lectura secuencial.
Complementos: mapa digital interactivo y fichas de campo.
Fin del recorrido.
Quince paradas
para leer un territorio
Este libro recorre los pasajes del viaje de Charles Darwin vinculados con el actual territorio argentino. La selección reorganiza el material para seguir el desplazamiento de manera cronológica y territorial: llegar, atravesar, observar, registrar y comparar. El texto original conserva el centro de la lectura; mapas, fechas, registros de campo e imágenes permiten reconocer los lugares y comprender cómo una observación del paisaje puede convertirse en una pregunta científica.
15 paradas, de la bahía del Buen Suceso al río Santa Cruz · 1832–1834
Selección y recontextualización editorial a partir de Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo, traducción española de Espasa-Calpe, 1921.
Proyecto académico de Diseño Editorial – FAPyD, Universidad Nacional de Rosario. 2026.
Patricio Campodonico · Martina Emma Calderón Calp